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Escuela Nacional de Danza Clásica y Contemporánea, INBA

BAILETIN E-ZINE


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"MUJER: ¿SIEMPRE UNA CONVIDADA DE PIEDRA?"

POR PAUL CAVALIÉ

Un artículo sobre el reciente estreno de una obra de danza, "Convidada de piedra", referida a la condición fatal femenina (cuando lo es), y que inició el Festival de Danza Internacional del ICPNA.





No hace mucho, en una mesa de discusión sobre el panorama de la danza en el Perú, llamábamos la atención sobre un punto en particular: la temática que se suele abordar en las diferentes obras. Partíamos de asumir, desde luego, el natural derecho de un autor - en este caso, el coreógrafo - por atender al íntimo y particular llamado de sus duendes creativos para echar manos a las obras que éstos le sugirieran. No obstante ello, afirmábamos que en aras de una mayor identificación e interés del público con un arte que lamentablemente ha devenido en uno de elite, casi de culto, sería deseable voltear también la mirada a las preocupaciones cotidianas. Que se superara el prejuicio de que una obra es de suyo más interesante y atractiva en tanto deba inspirarse en complejidades mayores; que el grado de expectativa que pueda suscitar repose en su mayor "intelectualidad" conceptual. Criterio errado - e inconveniente - en nuestra opinión. En ese sentido, ¿por qué no devolver, enriquecidas desde el plano redimensionador del arte, nuestras vivencias más prosaicas? Quizás así nos replanteemos algunas cosas que el tráfago de la cotidianidad suele esconder en las instituciones de una vida rutinaria.

Hemos tenido ocasión de asistir al estreno de "Convidada de Piedra", de la coreógrafa Mirella Carbone, representado por un elenco de su taller "Pata de Cabra"; obra que, de paso, marcó el inicio de la décimo segunda versión del Festival Internacional de Danza que organiza el Instituto Cultural Peruano Norteamericano.

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La idea-fuerza representativa de este montaje, estructurado en una sola y larga pieza coreográfica, constituye -desde la óptica de su creadora- un reexamen de los roles que nuestra sociedad asigna a la mujer. En su etapa de pre-producción, Carbone acopió durante 3 meses información sobre maltratos y torturas a los que su género ha sido sometido por excelencia, y sobre la discriminación que las afecta por su sola condición de tales. Para ahondar en su enfoque fatalista, la artista se ha valido de una estética lindante con lo "dark". Los tonos oscuros de la iluminación; la música seleccionada (collage que incluye a Ravel y Pink Floyd, entre otros); y una escena central constante que pareciera remitir a un funeral (en que la Carbone es, además de la mujer que vemos muerta, el inconsciente colectivo femenino); propician un clima escénico bastante cargado donde se suceden imágenes, sensaciones y metáforas. Vemos desfilar en escena a una mujer trasvestida como hombre, en permanente actitud de negación de su femineidad; también a la mujer sumisa y complaciente; a otra, dura e insensible como una piedra. En ese contexto de agresividad -que es una recreación de la realidad desde lo grotesco- las bailarinas apelan a movimientos enérgicos, corporalmente convulsivos. Así, por ejemplo, resulta sugerente la construcción de la escena en que una figura masculina -sin cabeza- simula poseer con violencia y desde una postura de dominio al objeto-mujer en el escenario. En otro plano, cada cierto tramo de la obra, una mujer de riguroso luto pasea su duelo, con la mirada ausente; mientras que otra, tumbada en su cama, se ensimisma en sus traumas de ausencia de goce sexual, en cruda alegoría -casi explícita- al tema de la virginidad perdida. Y así, Carbone arquitectura, al igual que ésas, otras múltiples escenas; el problema es que intenta hacerlo todo al mismo tiempo; lamentablemente, la simultaneidad de tantos focos de atención para el espectador, lejos de conseguir el impacto deseado en su sensibilidad, terminan más bien por aturdirle. El hecho de renunciar a un hilo conductor que ordene narrativamente la sucesión de imágenes tampoco debe ser licencia para el desorden. La proyección en vídeo de imágenes de una mujer embarazada al inicio de la obra es la puerta de entrada a la mujer en su estado más sublime; imagen que de alguna manera opera como contrapeso, respecto de las escenas que se sucederán enseguida. La presencia masculina en la obra tiene un carácter funcional, bastante limitado; creemos que pudo sacarse mayor provecho dramático a esa su condición de ser "el otro" en la dimensión dialéctica del conflicto hombre-mujer.

Con todo, méritos al intento de Carbone; en primer lugar, por animarse a abordar un tema que no resulta fácil de llevar al plano del arte pues tiene el riesgo de privilegiar más el plano de la denuncia. Reconocimiento también a sus enormes ganas, al despliegue físico y dramático de sus bailarines-actores: Giovana Benvenutto, Margot Córdova, Lucía Meléndez, Katherine O'Brien, Moti Olórtegui, Milagros Olivera, Coco Álvarez, Christian Esquivel y Renzo Zavaleta.

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